La atención plena es el espíritu de Hakomi, su esencia. Es una herramienta poderosa para apoyar a las personas a estudiar cómo se organizan en torno a temas vitales. Es un estado de consciencia exploratorio, relajado y alerta que nos permite prestar atención a nuestra experiencia presente: física, mental, emocional, sensorial, siendo testigos silenciosos de ésta, momento a momento.
La atención plena que se utiliza en Hakomi es relacional1. Se aplica a cada instante de la relación con las demás personas, incluida la relación terapéutica.
Es una forma de darnos cuenta cómo estamos en relación con, de cómo se sienten las personas a nuestro alrededor, de qué necesitan, y de construir una relación sanadora.
Nuestra misión, como compañeras(os) espirituales es estar atentas(os) a las necesidades de la persona que se auto estudia, y estar desde un lugar en donde nuestro “no saber” permita a ésta explorarse sin juicio o interpretación. Este “no saber” abre el espacio a la curiosidad y a que se despliegue la experiencia única y propia de cada cual, sin tener que ponernos en acción, resolver o aconsejar.
Celebramos el misterio y el sentido de un “yo” más grande… un estado de la mente abierto y espacioso puede ser el resultado de soltar nuestros apegos por cosas como tener respuesta. Exploramos cómo se siente el abrazar la incertidumbre de una manera calmada y abierta.
Este principio es el corazón de Hakomi. Vemos a las personas como fuente de inspiración y nutrición emocional. Como un regalo. Este estado de agradecimiento y gratitud lo siente la (el) consultante como un recordatorio de su propia fuerza e integridad.
Es una presencia que no juzga, escucha, está disponible, que aprecia, que valora, que disfruta estar con otro ser humano.
Mis estados de ánimo, mis pensamientos, mi manera de estar interactúan emocional, neurológica y fisiológicamente con los tuyos. Si somos coherentes, nos reforzaremos mutuamente. (Ver video)
Reconocemos una forma natural en que la vida se está revelando y nos alineamos con este proceso orgánico e inteligente. Como terapeutas, esto significa que estamos dispuestas a abandonar agendas o intenciones propias si de alguna manera entran en conflicto con lo que está surgiendo en el/la consultante. Apoyamos las llamadas “defensas”. No ofrecemos consejos ni interpretaciones; y no hacemos preguntas a menos que el hacerlas sirva a la persona.
Prestamos atención a la respuesta a nuestras sugerencias y si hay alguna resistencia, paramos y apoyamos. Al trabajar bajo el principio de la no violencia no tenemos que ser extremadamente cautelosas/os o saberlo todo; sólo tenemos que observar, ser sensibles y estar dispuestas/os a hacer pausas. Para que la persona pueda profundizar en su experiencia, usamos el respeto, la atención y el silencio. Es no persistir, no forzar nada, no usar el poder o la coerción o la actuación autoritaria.